Esta es una cinta
para disfrutar con los cinco sentidos.
El realizador
trenza tres hilos argumentales: el destierro como destino inevitable, el sabor
del vivir las horas y el alma del protagonista, retenida en el bucle del trauma infantil.
De cierta
forma, es una cinta que puede verse con los ojos cerrados. La música de la compositora
griega Evanthia Reboutsika es la bella y nostálgica co-protagonista.
El tema
principal de la banda sonora describe con notas musicales la relación de Fanis (Georges Corraface) con su abuelo Vassilis (Bandis Tassos), la tienda de
especias donde Vassilis filosofa sobre
el sabor, el ser humano y las estrellas, y la pequeña Saime, promesa del amor futuro.
Con estos
ingredientes la melodía se sostiene sobre una frase musical que recuerda las
cajas de música. Así mismo, la vida de Fanis
en el exilio, gravita con sus afectos profundos encerrados en su memoria
infantil, buscando en los astros el pedazo de su vida perdida.
La música y las
entrañables escenas domésticas, activan las añoranzas del espectador haciendo
resonar en su alma sus propios destierros.
para Paula
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